JORNADA
El razonamiento debe imperar en las expresiones de autoridades

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jueves 15, marzo 2012

Nos encontramos en el "siglo del conocimiento", tiempo en el que todos los avances tecnológicos, filosóficos, políticos y la misma información de los pueblos del orbe se encuentran en la carretera cibernética, a la que pueden acceder los humanos para consultar sobre determinadas noticias, contraponer dogmas milenarios, buscando su propia verdad, sobre la base de la investigación científica.

Es una era en la que los mitos, los dogmas y una serie de historias de nuestras abuelas quedan en las fantasías, desde el mismo momento en el que el hombre ha establecido claramente que el Universo se formó por efecto de una explosión de una partícula de energía, proceso denominado como big bang, hace 13 mil 700 millones de años, o que la Tierra es tal hace 4.500 millones de años, y que no se creó hace 6.000 años como nos señalaban los dogmas eclesiásticos.

Toda esa información científica, que descalifica, por ejemplo, la existencia de los dioses del Olimpo griego o romano, de los de Egipto, o que el Sol y la Luna son deidades, como se los consideraba en las antiguas civilizaciones, como en la inca o la egipcia, no son más que astros que se encuentran como parte de nuestra Galaxia, sin poder alguno en el sentido metafísico.

Igualmente las tradiciones y las supersticiones quedan en el camino de las fábulas, como las expresiones sueltas sobre los efectos de determinados alimentos, respuestas que se encuentran en el internet, con el respaldo de la investigación científica, a las que deberíamos recurrir antes de expresarnos ante el público.

Pensamos que la preparación académica en las universidades nos da, precisamente, todos esos elementos que hacen a la investigación y a la confrontación de ideas e ideologías, para superar herencias que las adoptamos con cariño, pero que no tienen fundamentos científicos y mucho menos lógicos.

Por las razones anotadas nos alarma lo que sucede actualmente con algunas autoridades, que razonan de acuerdo a enseñanzas ancestrales o comentarios antojadizos, sin antes recurrir a diccionarios o a otros elementos de investigación que señalamos, para que sus pensamientos tengan las luces suficientes de la inteligencia y de la razón.

Hace pocas horas un Magistrado del Estado Plurinacional, de profesión abogado con algunas maestrías en su currículum, aún está seguro que la coca le puede brindar conocimiento y, además, predecir sobre cómo debe dictar sus fallos en, por ejemplo, una demanda constitucional.

Precisamente el raciocinio nos conduce a pensar que para que un fallo jurisdiccional tenga los efectos que requiere la justicia, debe estar respaldado por las leyes, por el razonamiento y por la Constitución Política del Estado y, de ninguna manera, puede atenerse a consultar a las verdes hojas de la coca para este cometido. Entonces para qué haber estudiado, si la solución a estos temas de vital importancia para la administración de justicia se basaran sólo en esa hoja sagrada, o en los dados, las cartas de tarot o lo que nos muestra el plomo derretido, etc.

Es nuestro deseo convocar a la reflexión a quienes ostentan autoridad, a fin de que sus expresiones se basen en pensamientos y en definiciones aproximadas a la verdad en cualquier campo, evitando aventurarse por los caminos ancestrales, es decir por aquellos tiempos en los que no había posibilidad de acceder al conocimiento, el que era de propiedad de pocos en detrimento de los más, los que generalmente eran esclavos en lo físico y en lo mental de quienes estaban interesados en explotar la ignorancia y la superstición en la que estaban sumidos los pueblos.

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