JORNADA
Chile festeja desenlace en la OEA

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Guido Pizarroso Durán
viernes 8, junio 2012

Mientras en Bolivia existe una percepción ensombrecida por dudas sobre las conclusiones de la Asamblea de la OEA, en torno a la demanda de la salida al mar, -ya que probablemente el único efecto que se consiguió es actualizar el tema en la conciencia americana- Chile se vanagloria de un nuevo éxito diplomático, que impidió que el reclamo de nuestro país se situara en el centro del debate. Los medios de comunicación de Chile, así como los parlamentarios y políticos de ese país, ponderaron la estrategia de la cancillería chilena que impidió que la Asamblea emita alguna resolución sobre el mar, dejando solamente que los cancilleres expresen opiniones, la mayoría, alejadas del planteamiento boliviano. Efectivamente, solo un país, Nicaragua, apoyó el pedido para revisar el Tratado de Paz y Amistad de 1904.

Aunque carecemos de información como para valorar la estrategia que este año desarrolló nuestra Cancillería, los resultados visibles no pueden sino preocupar, porque en los hechos lo menos que se podía esperar es que la OEA ratifique posiciones anteriores, especialmente la resolución de 1979. Recordemos que la Asamblea de ese año, pese a que concluyó abruptamente por el golpe militar de Alberto Natush Busch, antes había emitido una histórica decisión en la que solamente se registraron dos votos disidentes, de Chile y Paraguay, con lo que se aprobó la resolución que insta a Chile y Bolivia a sentarse a negociar una salida soberana al mar para nuestro país.

En esa oportunidad, la diplomacia boliviana, que se caracterizó siempre por la improvisación y la intrusión política, aprovechó la coyuntura para articular esfuerzos y se logró por consenso encomendar a diplomáticos de carrera y políticos de diferentes frentes a elaborar una estrategia que tenía como apoyo aprovechar tres poderosas unidades de contexto: la recuperación de la democracia en Bolivia, los horrores de la dictadura de Pinochet en Chile, y la justa demanda de Bolivia de recuperar su salida al mar. Se prepararon con mucha anticipación los pasos a seguir y misiones de alto nivel visitaron a todos los gobiernos de los países miembros en busca de apoyo.

En cambio, el actual escenario resultó contraproducente para el país, debido también a factores de contexto que influyen en las posiciones que se adoptan. Para nadie es un secreto que los países alineados con Venezuela pierden en el escenario regional por su persistente actitud provocadora, su actitud de confrontación y la agresiva manifestación de sus disidencias, a la par que su enfermiza actitud de pretender imponer sus puntos de vista y su visión estrecha de la realidad a otros países. Ese grupo que se concentra en la ALBA, ya perdió protagonismo en UNISUR, donde a un principio llevaba la voz cantante, pero al enarbolar banderas de odio en lugar de proponer puentes de integración, quedaron virtualmente aislados.

En la reunión de Tiquipaya también se ha visto que las lealtades y solidaridad son muy discutibles, ya que ni los países miembros de ALBA apoyaron la tesis boliviana. Ya anteriormente, Venezuela, dio sobradas muestras de su "amistad", cuando por una parte su Presidente Hugo Chávez declamó versos para ir a bañarse a playas bolivianas del Pacífico, e inmediatamente después voto en favor del chileno Insulza como Secretario General de la OEA.

En la 42 Asamblea de la OEA se ha recogido la posición de los cancilleres que se volcaron para hacer coro con Chile para reconocer el carácter bilateral de las negociaciones dirigidas a solucionar la mediterraneidad de nuestro país. Y no solamente eso, sino que, excepto Nicaragua, los delegados ignoraron el pedido del canciller David Choquehuanca de plantear la revisión del Tratado de 1904.

Frente a ese estado de cosas, la prensa chilena festejó el resultado de la Asamblea de la OEA con el mismo entusiasmo que la derrota de la selección boliviana de futbol. La Tercera de Santiago, por ejemplo, editorializó el tema y sugirió al gobierno chileno que "debe aprovechar la oportunidad que se abre para reiterar su voluntad de diálogo bilateral con Bolivia, cuidándose del error en que se incurrió en el pasado, al incluir en la llamada Agenda de los 13 Puntos el tema de la mediterraneidad, lo cual generó expectativas que luego resultaron imposibles de cumplir. Las actuales autoridades nacionales han dejado en claro que no negociarán soberanía chilena. Aunque esto puede resultar frustrante para Bolivia, permite establecer conversaciones realistas y deja amplios espacios para la colaboración en una extensa variedad de temas entre los dos países. En el marco de ese renovado diálogo, se debe continuar avanzando en la habilitación de la infraestructura y los medios de transporte comprometidos en 1904, para seguir dando cumplimiento a lo acordado libremente entre ambos países".

La recomendación que nosotros haríamos a los gobernantes bolivianos es que se le diga a Chile no, gracias. Los temas que a Chile le interesa son secundarios para nuestro país. Las mismas facilidades se pueden conseguir con los países vecinos. A Chile solamente se reclama la deuda que tiene pendiente con Bolivia.

Opinión
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