JORNADA
El holocausto de los protomártires

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José Manuel Loza Oblitas
martes 30, enero 2018

No podemos olvidarnos de nuestros héroes y protomártires por la independencia de Bolivia, quienes ofrecieron su vida por la Libertad, de esa libertad que gozamos y que debemos defenderla como ellos.

El 29 de este mes se registró el 208 aniversario del holocausto de los protomártires de la independencia, los que el 16 de julio de 1809 protagonizaron la primera revolución de América, un final de liberación al Continente del dominio colonial de España.

Los responsables de la revolución de Julio, tuvieron que soportar la arremetida 3.500 efectivos de la fuerza bélica peninsular, al mando del arequipeño José Manuel Goyeneche, destruyendo el movimiento patriótico, pero sin los ideales que forjarían la libertad tan ansiada después de quince años de glorias y sacrificios.

Muertos y apresados cientos de patriotas, sus dirigentes tuvieron que afrontar el holocausto, los que el 26 de enero de 1810 fueron sentenciados como "reos de alta traición, infames, aleves y subvertores del orden público", condenándolos a morir en la horca, a la que debían ser conducidos atados a la cola de "una bestia de albarda".

A medianoche de ese día, después que conocieron la sentencia, fueron trasladados desde su prisión hasta el local del Colegio Seminario, a dos cuadras de la plaza de Armas, siendo puestos en capilla en cuatro celdas, en una de las cuales fue alojado Don Pedro Domingo Murillo, y en las otras Antonio Figueroa (el Gallego), Melchor Jiménez, Ventura Bueno, Juan Basilio Catacora, Mariano Graneros, Apolinar Jaen, Gregorio Lanza y Juan Bautista Sagárnaga.

Mientras tanto, nueve horcas habían sido levantadas en la plaza, entre la fuente de berenguela en el centro y la capilla del Loreto, que pendían tétricas a la espera de sus víctimas, que se encontraban ya en los umbrales de la gloria y de la inmortalidad.

El 29 de enero, fecha designada para la ejecución, dividió las fuerzas que guarnecían la Ciudad, en distintos puntos de ella, y cubiertos los cuatro frentes de la plaza mayor cerrando las esquinas con la artillería. "Con aparato tan respetuoso nadie se atrevió a chistar, y el espantoso cuadro que formaba dicha plaza a las once del día, no sólo viéndolo, sino considerándolo, basta para enmudecer el orgullo más gigante", se nos relata en Memorias Históricas de la Revolución Política del día 16 de Julio del año de 1809 en la Ciudad de la Paz por la Independencia de América y de los sucesos posteriores hasta el 20 de Febrero de 1810, manuscrito publicado por unos patriotas.

En la misma obra cronológica de estos acontecimientos, se conoce: "A las ocho y media comenzó la ejecución: Murillo fue ahorcado primeramente: siguió el Gallego con garrote y porque no le pudo ajustar, lo subieron para ahorcar y habiendo caído juntamente con el verdugo, por haberse roto el cordel, le cortó el último la cabeza y luego la colgó en la horca. Porque no sucediese lo mismo con los demás, se mandó muriesen todos a garrote y fue en la secuela puesta arriba, siendo el último Sagárnaga, a quien a las 11 del día estaban dando garrote, después de haberlo degradado.

"A las seis de la tarde descolgaron los cadáveres para enterrarlos: al Gallego lo llevaron al Sagrario; a Graneros al Carmen; a Jiménez a Santo Domingo; a Catacora y a Bueno a la Merced; a Murillo y a Sagárnaga a San Juan de Dios y Lanza y a Jaen a San Francisco. Se mandó cortar las cabezas a Murillo y a Jaen; la primera para colgarla en el alto de esta ciudad y entrada de Potosí; y la segunda para el pueblo de Coroico donde se mostró terrible. También sacaron a Manuel Cossío (el Mazamorra) montado en un burro y después de darle vuelta por la plaza y pasado por debajo de las horcas, lo pusieron junto a la pila para que presenciase el castigo de sus compañeros; después de la ejecución lo volvieron a pasar por debajo de los ajusticiados y lo regresaron a la cárcel".

Recordemos que en esa oportunidad Don Pedro Domingo Murillo, antes de ser ejecutado, manifestó altivamente: "La tea que dejo encendida nadie la podrá apagar", palabras históricas y proféticas que se cumplieron al pie de la letra, ya que esa tea nadie la pudo apagar, por cuanto se convirtió en la hoguera que consumió al poder colonial.

Opinión
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