JORNADA
lunes 06, septiembre 2010
Necesaria limpieza en la Aduana Nacional

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viernes 5, febrero 2010

Cuando la podredumbre y la corrupción se enraizan en las instituciones públicas, la única solución es un cambio total y de raíz de los funcionarios, aunque en ese cometido estén afectados, incluso, personas inocentes, además del inicio de un proceso sumario y auditorías, que las realicen autoridades que tampoco sean proclives al soborno o a las prebendas.

En este camino se encuentra la Aduana Nacional, la que, felizmente, ha sido intervenida totalmente por el Ministerio de Transparencia, a pedido de su actual Presidenta y por los indicios de corrupción, incluyendo el haber encontrado una alcoba para el máximo aduanero, que nos hace recuerdo a la famosa "Chito-alcoba" en la Prefectura paceña.

Es increíble que, después de haberse establecido en 1998 todas las deficiencias en esa institución, promulgándose una nueva Ley Aduanera en 1999, con la cooperación internacional, las cosas se hayan mantenido como en anteriores gestiones, de una Aduana que era el botín político, en la que se incluía a empleados sin sueldo y con destinos en nuestras fronteras, en las que "volteaban" el contrabando y eran los mejores aliados de los contrabandistas, lógicamente sobre la base de coimas y otras gabelas.

En este momento mismo, se conoce que en el directorio, que ya se pasó en sus funciones cinco años, algunos de sus miembros, a través de "palos blancos" son propietarios de agencias despachantes de Aduana, es decir de oficinas e infraestructura para legalizar el contrabando y la corrupción, a los que, necesariamente, se debe investigar, como a los demás funcionarios que adquirieron fortunas de la noche a la mañana.

Quizá por estas razones y muchas otras, relacionadas a otras instituciones del Estado, que fueron saqueadas y sirvieron de fuentes de ingreso para muchos malos bolivianos, que hoy gozan de "prestigio social", por las fortunas malhabidas, sería necesario que se considere que la Ley de Investigación de Fortunas, que se repondrá en el Senado, no tenga características en su aplicación sólo desde la fecha de su promulgación, sino que también se remonte a tiempos pasados.

Aunque los afectados manifiesten "persecución política", como es el pretexto actual para quienes malversaron la economía del Estado o estuvieron inmersos en actos de terrorismo y de división de la Patria, así como los que intervinieron directa o indirectamente en los asesinatos contra el pueblo boliviano, es preciso que, de una vez por todas, se ponga coto a la corrupción y a la impunidad.

En el caso que comentamos, de la Aduana, ojala que las medidas que se han empezado a adoptar tengan continuidad y se profundice la erradicación de la corrupción en otras instituciones, ya que muchas de ellas se han convertido en una especie de organizaciones mafiosas, en las que se recluta a los nuevos funcionarios y se los incorpora a la maquinaria de la corrupción.

Seguramente, en este camino, se encontrará oposición, huelgas, reclamos y manifiestos políticos, pero con esta acción el régimen puede demostrar su real voluntad de servir al pueblo y limpiar con la lacra que se ha implantado en Bolivia.

En la Aduana, cuya tradición corrupta es "vox populi", se conoce, por ejemplo, que después del golpe de Estado del General René Barrientos Ortuño, en 1964, al entonces Presidente Víctor Paz Estenssoro, fue designado un joven falangista como Director de ella, al que, en reunión con los Inspectores de las diferentes regiones, le fue entregado un maletín con 500 mil dólares americanos, por parte de esos funcionarios, que le expresaron que esa era una norma y que el ejecutivo aduanero debía entregar el producto de esas "recaudaciones" al Palacio de Gobierno.

Ese joven, en lugar de consultar con el Jefe de Estado, convocó a una conferencia de prensa y denunció el hecho y la corrupción que campeaba en el tiempo de gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario, además de sus campos de concentración y su Control Político, en el que eran torturados y muertos los políticos de la oposición, entre los que se encontraba él mismo.

En lugar de ser premiado y ensalzado por la denuncia, ese dirigente y entonces Director de la Aduana, fue destituido, y la corrupción continuó adelante, sin límite de tiempo y de espacio, hasta trascender al siglo XXI.

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