JORNADA
lunes 06, septiembre 2010
La moral en el caso de la defenestración de candidato

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sábado 6, febrero 2010

La moral implica la práctica de virtudes y buenas costumbres, que hacen a la convivencia pacífica y respetuosa en una sociedad, siempre bajo la acertada frase de "no hagas al tu prójimo lo que no quisieras que hagan contigo", es decir un comportamiento intachable tanto en la vida pública como en la familiar.

Un líder, ya sea político, social o espiritual, está obligado a cumplir con esos atributos, si pretende ganarse el respeto de sus adherentes, convirtiéndose, a la vez, en líder moral, digno de que su ejemplo sea seguido por los ciudadanos, y con la suficiente capacidad d exigir la misma práctica de la moral a la población.

Una persona que roba, que estafa, que maltrata y humilla a sus semejantes, que recurre a su poder o su fuerza para vejar a sus familiares o amigos, etc., no puede ser considerada como moral y menos tendrá el menor derecho de exigir esos principios al respeto de sus semejantes, por cuanto, más bien, se convierte en un representante de los anti-valores, que seguramente tendrá adherentes, que se encuentran en el mismo camino y que están interesados en encubrir sus fechorías.

Para gobernar un país, al margen del apoyo popular, del carisma y otras virtudes, el candidato debe no sólo demostrar moral, sino practicarlas en todo momento, sin que esto signifique que tenga que recurrir a retiros espirituales, a la internarse en conventos y martirizar su carne con autoflagelaciones, o aspirar a la santidad.

Dentro de la moral está también la práctica de la justicia, el respeto a los derechos humanos, a las Leyes del país, la no discriminación racial o de fortuna, lo que hace del líder una persona admirable y digna de ser imitada, además de querida por los pueblos, los que encontrarán en él a su paradigma de vida diaria.

Si un hombre o mujer, se caracterizan por su liviandad, por su desprecio por los valores morales, no puede y no tiene que ser dirigente y menos conductor de una sociedad, ya que ésta se convertirá en el reflejo de quien la manda, ingresando a las cavernas de la inmoralidad, del caos y de la anarquía y la destrucción de principios que aseguran la convivencia de los humanos.

En días recientes, en la ciudad de La Paz, el candidato a la Gobernación del Departamento, por el partido gobernante, fue encontrado conduciendo su vehículo en completo estado de ebriedad, transgrediendo, de esta manera, las Leyes que prohíben hacerlo en esas condiciones, por los mismos peligros que implica para la integridad y la vida misma de muchos ciudadanos, incluyendo la del imprudente.

Desde ese momento, al transgredir la Ley, se pone al margen de ella, presumiéndose que si su actuación pública es de esa naturaleza, su comportamiento en cualquier otra oportunidad será idéntica, no siempre en estado inconveniente, sino transgrediendo cualquier principio para conseguir sus fines particulares.

Esa situación obligó al Jefe de Estado a pedirle su renuncia como candidato, solicitud que empieza a ser cuestionada por algunos de los seguidores del transgresor, con el apoyo de organizaciones sociales, o sea en búsqueda de burlar la Ley o minimizarla ante el resto de los ciudadanos.

Es lamentable que ocurra esto, pero hemos visto, con este ejemplo, que las autoridades y los pretendientes a dirigir un país deben ser ejemplo, con un comportamiento intachable, por lo que el retiro de la confianza al dirigente señalado se justifica plenamente.

Los líderes no sólo deben demostrar una honradez común, sino que deben profundizarla y cumplirla en todo momento.

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