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Miércoles 23, julio 2014
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Fortalezas y debilidades de la democracia

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Guido Pizarroso Durán
sábado 27, febrero 2010

El último Informe sobre el estado de la democracia en América Latina, muestra que la ciudadanía tiene fuertemente cimentada la vocación democrática, que no mermó pese a las crisis económicas que afectan en mayor o menos grado a casi todos los países de la región. En algunos países donde los cambios permitieron una mayor participación ciudadana, la democracia tiende a fortalecerse. En cambio en los países que se dejaron ganar por el statu quo, parece que la democracia se debilita, a pesar de que sus economías muestran mayor solidez, como México, Chile o Brasil.

El estudio elaborado por la Corporación Latino barómetro realizado en los 18 países de América Latina constata el aumento del apoyo a la democracia a pesar de los problemas económicos y la disminución de los índices de crecimiento que ha experimentado la región. La defensa del sistema democrático sigue en aumento y alcanza el 59%, dos puntos más que en la encuesta del año pasado. Este resultado puede visualizarse de un modo alentador en la medida que el mayor o menor apoyo a las instituciones democráticas parece desvincularse de las oscilaciones y vaivenes económicos; al menos, durante los últimos años. La explicación a esta situación puede encontrarse en el hecho de que la crisis ha encontrado a una región más preparada, gracias a las reformas llevadas a cabo en la década precedente, y el choque se ha visto amortiguado por el "quinquenio virtuoso" (2003-2008), en el que la economía creció a un promedio anual del 4,8%.

A pesar de que los problemas económicos (inflación, paro, pobreza) son prioritarios para la mitad de los encuestados, el apoyo a la economía de mercado ha pasado del 52% en 2008 al 59% en 2009, y resulta mayoritario en casi todos los países, salvo en Ecuador y Argentina.

De todas maneras, existen algunos factores preocupantes. La gente quiere vivir en democracia y apoya el sistema, pero las condiciones objetivas muestran debilidades institucionales preocupantes. Los latinoamericanos vivimos en países en los que la democracia no ha terminado de consolidarse y en los que se corre el riesgo de tener retrocesos institucionales.

Las debilidades tienen mucho que ver con la pobreza, el desempleo, la inseguridad y la violencia, factores que están como principal preocupación de los ciudadanos, situación que de no solucionarse, podría hacer que la percepción sobre la democracia pudiese cambiar. Esta realidad debería ser una puntual llamada de atención para los políticos y líderes de nuestro país, ya que la pobreza afecta al 53% de las bolivianas y bolivianos.

Según la CEPAL, el número de personas en situación de pobreza en América Latina y el Caribe crecerá este año de 180 a 189 millones, un aumento que sin embargo es inferior a lo que se hubiera podido esperar tras una crisis como la que vivió el mundo en los últimos meses según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Asimismo, las personas en situación de indigencia aumentarán de 71 millones a 76 millones (del 12,9 al 13,7% de la población).

Si estas personas no encuentran solución a sus problemas en democracia, optarán por otras vías. Por ello, es importante seguir avanzando en la construcción de instituciones capaces de garantizar los derechos de todos. Inclusive la misma democracia puede encontrar senderos de distorsión, en los que a nombre de voluntades mayoritarias se coarten derechos y libertades de unos y otros. Hay ejemplos históricos y señales actuales que muestran claramente cómo una decisión mayoritaria no es necesariamente la más acertada.

Una democracia no puede entenderse como tal si no es capaz de garantizar la expresión de todos los discursos posibles, excepto aquel que atenta contra la democracia; y eso es lo que hoy está presente en el escenario público, ante la mirada pasiva de las autoridades responsables del cumplimiento de la Constitución.

La democracia solamente se consolida mediante el cumplimiento de la ley, el respeto a las normas y el permanente fortalecimiento de las instituciones básicas como el poder legislativo y el poder judicial, que son los órganos del Estado encargados de preservar los derechos, garantías y libertades ciudadanas. Donde flaquean estos pilares de la convivencia, corre riesgo la democracia.

Opinión
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