JORNADA
Viernes 24, octubre 2014
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La seguridad alimentaria y el aprovechamiento de la tierra

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José Manuel Loza Oblitas
sábado 12, marzo 2011

Bolivia, en casi todo su territorio, posee inmensas riquezas y, sin embargo, "somos pobres", decía un ciudadano al comentar la situación por la que atravesamos actualmente y que proviene de hace muchísimos años, incluso desde antes de constituirnos en República, cuando precisamente esas riquezas eran exportadas por toneladas allende los mares, para engrosar las arcas o, mejor, el botín de los reyes de España

Esa riqueza, oro, plata, wolfran, estaño, etc., hoy tiene precios altos en el mercado internacional, así como el petróleo y el gas y sus derivados, aunque por efecto del terremoto y el tsunami posterior en Japón, el oro negro ha bajado de precio, descendiendo de los cien dólares por barril en que se encontraba hasta el miércoles. Campos inmensos para la agricultura y la ganadería, son los repositorios de la alimentación nacional y también para la exportación.

Sin embargo, ahora escuchamos que nos encontramos con déficit de alimentos, atravesando una crisis alimentaria, que se la atribuimos a los mercados internacionales y a la situación externa, sin fijarnos en lo que sucede internamente, si es que los bolivianos estamos cumpliendo nuestras obligaciones, entre las que se encuentra la de no permitir que ni un centímetro de las tierras apropiadas para la agricultura y la ganadería se encuentren improductivas, baldías o destinadas a otras actividades.

El gobierno, a fin de paliar el problema, ha señalado que continuará con las expropiaciones o "nacionalizaciones" de tierras a grandes terratenientes, que existen todavía en nuestro suelo, cuando desde hace 59 años, el altiplano boliviano se ha convertido en surcos hereditarios, de las haciendas expropiadas a los entonces denominados como "gamonales".

Altiplano, valles y trópico, deberían ser objeto de un censo agrícola y ganadero, para obligar a los propietarios, de pequeñas y grandes propiedades, a cumplir su trabajo, incentivando la producción por medio de créditos, maquinaria y la orientación técnica, a fin de sacar del marasmo en el que nos han embarcado los políticos desde ese tiempo, por cuanto promovieron, más bien, el éxodo de los campos a las ciudades, dejando inermes a niños, mujeres y ancianos, en medio de sus pequeñas sayañas, que apenas les alcanza para alimentarse.

Las tierras, que hasta hace poco eran productoras de café, plátanos, naranjas, cacao y otros productos, en este tiempo han sido sembradas con coca, por la tradicional hoja sagrada, la que ha superado en grados superlativos a las áreas permitidas o legales, para reemplazar el alimento que todos los días precisan las amas de casa, como la papa, el arroz, la yuca y otros, el que ahora se tiene que importar, incluso por medio de aviones, incrementando sus precios para el consumo interno.

La seguridad alimentaria nacional, debería estar garantizada, no sólo para los que habitamos este tierra, sino también para muchos ciudadanos del mundo que hoy padecen hambre y miseria. Bolivia, si es que se destinaran las tierras para sembrar alimentos, sería el proveedor de ellos y, con esos ingresos, se mejoraría la vida de muchas familias que hoy llegan a las capitales de departamento a sentarse en calles, plazas y avenidas, para que se les brinde ayuda mendicante.

O es la coca la que reina en esos campos, especialmente de las tierras tropicales y del valle, o es la minería la que ha atraído a nuestros habitantes de las áreas rurales, los que han abandonado sus chacos y sayañas, para convertirse en mineros.

El incentivo, la mecanización y el control, son las armas para hacer de nuestra Patria el centro de la riqueza alimentaria. Mientras tanto nos convertiremos en importadores, en simples consumidores, pero consumidores de dosis mínimas de vitaminas y, por lo tanto, seremos protagonistas de la desnutrición de niños y jóvenes.

Así como nos falta una política de transporte público, de servicio a la sociedad, también nos falta una política agropecuaria, agroindustrial, que también es de servicio público, además de una garantía del desarrollo de generaciones, en forma sana, para que puedan servir adecuadamente a nuestra Nación.

Opinión
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