JORNADA
Miércoles 22, noviembre 2017
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La moral una virtud perdida

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José Manuel Loza Oblitas
viernes 3, noviembre 2017

Hemos pasado dos días de una recordación religiosa, denominada "Todos Santos", tiempo en el que en forma simbólica visitan nuestros hogares las almas de nuestros seres queridos que dejaron este planeta, dejándonos, en muchas ocasiones, llenos de dolor pero con la esperanza del reencuentro, según la tradición cristiana.

Con la preparación de las mesas, en las que se colocaron masas, bebidas o comida que más gustaba a nuestros difuntos, optamos por la práctica de una de las virtudes que es el amor al prójimo. Ese amor tan difícil de practicar en nuestras relaciones cotidianas en las sociedades en las que nos encontramos insertos.

Al margen de esta práctica, de esta creencia metafísica, seguramente hemos tenido la oportunidad de reflexionar, sobre las virtudes y las enseñanzas que nos legaron quienes se fueron quizá a un mundo espiritual mejor que el material.

En este recuento hemos podido identificar el amor que mencionamos, la bondad que caracterizaba al familiar o amigo, su tolerancia, sus conocimientos, etc., atributos que, seguramente, nos han hecho expresar que era el mejor, ya sea padre, abuelo, tío, amigo, etc.

Entre esos atributos está la moral, que para muchos solamente es una palabra más, pero que no se encuentra en su diario vivir, ya que su práctica le impediría el actuar lesivamente en contra de la economía, la dignidad y el respeto por los demás.

Quizá nos detengamos un poco en el análisis de esta virtud, en este tiempo en el que, lamentablemente, el honor, la dignidad y la honradez, no son el cotidiano, especialmente de los políticos o de las personas que se arriman al poder.

En los últimos tiempos somos testigos de la falta de moral. La mentira y el engaño, para algunos constituye una astucia, en una acción destinada a llegar a la cima o permanecer en ella, a costa de los derechos de los demás, ya que se considera que el derecho de uno debe prevalecer en la vida de ambiciones.

El robo, el peculado, son el cotidiano. Se desfalca instituciones financieras, se malversa fondos del Estado, se desvía contribuciones a las mayorías para engrosar fortunas d, contribuyendo a que la pobreza sea la base de una sociedad, a la que se acostumbra al paternalismo y al prebendalismo.

Opinión
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