JORNADA
Jueves 14, diciembre 2017
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Interpretación del voto

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Guido Pizarroso Durán
miércoles 6, diciembre 2017

Es perfectamente comprensible la diversidad de interpretaciones que surgen sobre los resultados de las elecciones para magistrados del sistema judicial, ya que representan, fundamentalmente, el sentimiento de los electores que se nutre de una serie de mensajes que la vida cotidiana le ofrece. Pero al mismo tiempo, los intereses políticos tanto del oficialismo como de la oposición tienen sus propias valoraciones de acuerdo a su óptica partidista. Los más sensatos del gobierno reconocen que la cantidad de votos nulos lleva un mensaje. Otros lo atribuyen a la desinformación. Desde la oposición se atribuyen el éxito y pretenden apropiarse de la voluntad ciudadana.

Pero lo que no puede eludirse es una realidad objetiva que surge del ciudadano que acudió a las urnas a dar un mensaje que se traduce en que no podía votar por candidatos escogidos por el gobierno y con militancia definida, ya que muchos han sido funcionarios de la actual administración. Tampoco podía votar por otros desconocidos. Pero en el ambiente familiar, el trabajo o las reuniones casuales, y en las oportunidades coloquiales en general, así como en las redes sociales, hay temas que concentran la atención. Negar que la ambición de quedarse en el poder de los actuales gobernantes genera reacciones de todo tipo, adhesiones y rechazos, representaría ausentarse de la realidad.

Sería un grave error negar la percepción ciudadana sobre los altos grados de corrupción, la impunidad, el control que ejerce el gobierno sobre los jueces, la parcialidad con la que actúa el Tribunal Constitucional; el crecimiento desmesurado del crimen organizado, y especialmente el narcotráfico; la inseguridad en la que vive ahora el pueblo boliviano. De la misma forma, pretender que la voluntad reflejada en las urnas pueda ser ignorada, menospreciada o que pase inadvertida y simplemente carezca de consecuencias, significaría alejarse del escenario objetivo.

Todos los indicadores de opinión llevan a conclusiones inequívocas sobre lo que quiere el ciudadano, que entre otras condiciones se resume en vivir en condiciones dignas, tener un empleo y actividad seguros, que sus hijos tengan un futuro en libertad y respeto a los derechos humanos. Vivir en un ambiente con justicia imparcial con jueces idóneos, que la salud de la población esté garantizada y protegida, y que la educación alcance niveles de calidad.

Esos indicadores emergen de investigaciones sobre lo quiere el ciudadano, y sobre esas bases, comparadas con las carencias confirmadas en los censos y otros sondeos de opinión se pueden proyectar tendencias. Precisamente, las perspectivas políticas son producto del análisis de serie de circunstancias que surgen de esos datos y que contribuyen a proyectar las consecuencias de situaciones, eventualidades y acciones u omisiones. Muchas veces los cálculos políticos sobre la reacción ciudadana son erróneamente interpretados o deliberadamente se subestima sus consecuencias. De estos errores está plagada la historia política del país, y la más cercana experiencia es la muerte de los partidos políticos tradicionales. La equivocada lectura de las manifestaciones populares lleva muchas veces a actuar contra-sentido y naturalmente los efectos se asemejan a una colisión.

El oficialismo cree, según sus máximos dirigentes, que la expresión de rechazo a los postulantes a cargos judiciales ha sido producto de las consignas de la oposición. Craso error que asigna a los partidos contrarios al gobierno, un poder que no tienen, y una influencia más allá de su capacidad de convocatoria. No hay peor ciego que el que no quiere ver, dice un popular refrán para significar que muchas veces no se quiere aceptar la verdad y se prefiere negar la realidad. Esta sentencia popular, hace referencia a la estulticia de los políticos que se niegan a admitir la verdadera naturaleza de los problemas o situaciones.

Opinión
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