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Viernes 20, abril 2018
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Mal año para los hidrocarburos

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Guido Pizarroso Durán
miércoles 27, diciembre 2017

2017 fue uno de los peores años para el país en materia de energía, fundamentalmente por la caída de los precios del gas natural, el paulatino agotamiento de varios campos de hidrocarburos, el escaso interés de inversiones extranjeras en exploración, y por la oposición de los movimientos ecologistas a proyectos calificados como depredadores, entre ellos varias represas hidroeléctricas o la autorización para que las petroleras puedan incursionar en los las áreas protegidas, parques nacionales y territorios indígenas, con la intención de buscar petróleo y gas. Pese a ello, el gobierno licitó 80 campos, sin lograr una respuesta efectiva.

Para nadie es un secreto que las finanzas del país están fuertemente sostenidas por las exportaciones de materia prima, especialmente gas natural y minerales. Bolivia logró beneficiarse por los altos precios durante varios años, obteniendo ingresos récord desde 2005, pero esta dependencia ha impedido que el país vea el futuro con. El único proyecto de industrialización tiene muchas interrogantes, se trata del complejo petroquímico instalado en el Chapare, que requiere para operar casi un millón y medio (1.4 MMmcd) de gas por día, para intentar producir 2.100 toneladas métricas diarias de urea y 1.200 TMD de amoníaco. Pero en este momento no procesa ni el 10% de su capacidad, además de que a dos meses de su inauguración ya sufrió desperfectos y tuvo que paralizar trabajos.

Como política del gobierno se anunció la industrialización pero los resultados hasta ahora son magros, la mayor parte de los esfuerzos se han dedicado a interesar a las transnacionales a explorar y explotar hidrocarburos, esfuerzo que no atrae a muchos interesaos debido a los bajos precios y a las políticas ambientalistas, que han captado la atención de los capitales para producir energía limpia, además de otras trabas, como la inseguridad jurídica.

Mientras tanto, el precio del gas permanece vinculado a la cotización internacional del petróleo, pero el Gobierno de Evo Morales busca cambiar la relación de compraventa gas en los nuevos contratos. Cree que puede inducir a que el precio del gas se aparte de su íntima relación con el petróleo. Los funcionarios parecen ignorar algo que los expertos manejan a diario. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) surgió precisamente para enfrentar la regulación mediante la ley de la oferta y la demanda, principio que ha sido combatida por la actual administración. Los exportadores de hidrocarburos, en su mayoría árabes, se pusieron de acuerdo para controlar los precios aumentando o disminuyendo la producción. Si desapareciese esta relación, sobrevendría la libertad de cada productor para fijar precios, y en este momento EE.UU. Rusia y algunos países a fin de vender su inmensa producción, bajarían aún más las cotizaciones.

Pese a esa realidad, al parecer nuestro país insistirá en su intención de separar el precio del gas de su dependencia comercial del petróleo. Ojalá fuese tan sencillo, pero entre los deseos y la realidad hay mucho espacio. La realidad impone llegar a acuerdos entre partes, que requieren de parámetros de seguridad de ambas partes. Un ejemplo claro es el contrato con Brasil suscrito en 1996, que permitió recibir precios altos cuando la cotización del petróleo era alta, y que también hizo disminuir con la última crisis.

Ese contrato concluye el año 2019 y establece un volumen mínimo de compra de 24 millones de metros cúbicos por día (MMmcd) y un máximo de entrega de 30,08 MMmcd. Y entre las cláusulas de seguridad se establece que el incumplimiento de suministro de gas en los volúmenes acordados tiene sanciones, para evitarlas, Brasil, pese a no demandar todo el gas acordado, sí pago por los mínimos que establece el contrato.

Los volúmenes de gas que por distintos motivos Bolivia no envió a Brasil, tendrán que ser compensados con envíos durante 18 meses después de finalizado el contrato en 2019. Esto significa que Bolivia seguirá enviando gas a Brasil sin recibir pago alguno, así se produjese un aumento en el precio de la cotización internacional. En situaciones de esta naturaleza solamente queda la esperanza de una positiva negociación diplomática, que es resultado de mantener unas relaciones armoniosas, lo que no ocurre entre Bolivia y Brasil después de la ocupación militar a Petrobras, la negativa de dar un salvoconducto a un asilado; el trato que recibieron empresarios brasileños, el caso Chapecoense y otros hechos que enturbiaron las relaciones.

Con Argentina, el segundo mercado grande, también encuentra obstáculos que se ahondaron por diversas cuestiones que dejan un amplio margen de recelo, basado en divergencias ideológicas y el tema del narcotráfico que obligó a ese país a redoblar el resguardo de sus fronteras, como lo hicieron otros Estados vecinos. Desgraciadamente, la dependencia de los ingresos del gas hace muy vulnerable a la economía boliviana y su influencia puede aumentar en la medida que se mantenga la actual política basada en el extractivismo, que posterga la necesidad real de diversificar la producción y las exportaciones.

Opinión
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