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Domingo 22, abril 2018
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Macron mantiene su impulso reformista pese a las huelgas y la impopularidad

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París, (EFE)
viernes 13, abril 2018
El presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró que mantendrá el ritmo reformista que está marcando su mandato, pese a la resistencia de algunos sectores, las huelgas en los transportes y la creciente caída de su popularidad.

A punto de cumplirse un año de su llegada al Elíseo y con indicadores que apuntan a que su acción se identifica con una política de derechas, Macron acudió a una entrevista televisiva en un colegio rural para lanzar el mensaje de que solo sus propuestas permitirán avanzar al país.

Fue el primer capítulo de una ofensiva mediática ante la caída en los sondeos, que le llevará el próximo domingo a responder de nuevo preguntas en televisión, esta vez en un formato más clásico.

En la de ayer, con un lenguaje sencillo, el presidente respondió a las inquietudes de la Francia profunda, la que cada día convierte al informativo de la tarde de la cadena privada TF1 en el programa con más cuota de pantalla de la televisión francesa.

Un territorio que en las presidenciales del año pasado optó mayoritariamente por su contrincante de extrema derecha, Marine Le Pen, en contraste con las grandes ciudades, donde el socioliberal arrasó.

Fue un ejercicio calculado al milímetro, destinado a desmontar la imagen de que es un presidente urbano, encerrado en el Elíseo y que solo se preocupa de los ricos que de él quiere dar la oposición.

"Los ricos no necesitan un presidente, se las arreglan bien ellos solitos", aseguró Macron, quien negó que su política olvide a los más desfavorecidos, aunque reconoció que solo estimulando la producción se podrá redistribuir la riqueza.

No hizo concesiones ni a los sindicatos que periódicamente están paralizando el servicio ferroviario en protesta por la reforma de la empresa pública de trenes, ni a los pensionistas que se quejan de perder poder adquisitivo, ni a los territorios rurales que afirman sufrir el ostracismo.

Macron aseguró que entiende sus inquietudes, pero les pidió fe en sus reformas, que explicó con palabras llanas, sin tecnicismos, en un ejercicio de pedagogía voluntario.

Se dirigió por vez primera a los ferroviarios desde que hace un mes comenzaron el rosario de huelgas, a razón de dos paros por semana, y les advirtió de que su reforma de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles (SNCF) llegará "hasta el final" porque es necesaria para su supervivencia, al tiempo que reiteró que la empresa no será privatizada.

Justificó la subida de cotizaciones sociales de los jubilados que ganan más de 1.200 euros por "una cuestión de solidaridad" con el país, que la necesita para crear más trabajo y financiar así el sistema de pensiones.

A los territorios rurales, que ven cómo se pierden servicios públicos como escuelas, médicos o correos, les animó a encontrar sectores innovadores que les hagan atractivos y frenen su sangría demográfica.

Como la agricultura biológica, que identificó como uno de los vectores de modernización del país para que "triunfe en una globalización cada vez más rápida".

Macron señaló que en los últimos años los diferentes gobiernos no han apostado por las reformas, lo que obliga al suyo a acelerar el ritmo.

A quienes le reprochan que va demasiado rápido les espetó que "no hay tiempo que perder, sobre todo para los más desfavorecidos, los que no encuentran empleo".

"Hemos recorrido un largo camino, pero queda mucho por recorrer", afirmó frente a una imagen de su discurso de la victoria del 7 de mayo de 2017 frente a la pirámide de cristal del museo de Louvre.

"No vamos a cambiar el país de la noche a la mañana, pero en un año hemos hecho muchas cosas. No podemos pararnos", agregó.

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