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Lunes 25, mayo 2015
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Estudio muestra cómo el ruido obliga al oído a activar mecanismo de defensa

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Londres, (EFE)
miércoles 13, mayo 2015
Científicos en Australia podrían haber descubierto cómo el cerebro humano ordena al oído reducir el volumen del sonido para protegerse en un ambiente ruidoso, según revela un estudio divulgado por la revista británica Nature.

La investigación, desarrollada por expertos de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW, siglas en inglés), arroja luz sobre el misterio que ha rodeado hasta ahora al funcionamiento de este "reflejo protector".

Estudios anteriores han demostrado que este mecanismo de defensa, que está controlado por fibras Tipo II presentes en el oído, es necesario para "diferenciar discursos" en un ambiente ruidoso, para localizar sonidos y para protegerse contra la pérdida de audición.

El sonido, recuerdan, es detectado y amplificado por miles de minúsculas células ciliadas localizadas en las cavidades del oído interno, donde se encuentra el nervio coclear, que conecta el tronco cerebral a las ondas auditivas del exterior.

En un entorno ruidoso, sostienen, el cerebro envía señales a los oídos para que el "amplificador coclear" entre en funcionamiento y rebaje el nivel sonoro.

No obstante, se desconocía hasta ahora, según los autores, cómo se controlaba el citado mecanismo de defensa.

Las fibras Tipo II llevan información desde el oído hasta el cerebro, pero su función ha sido un enigma dado que su número es muy reducido -representan el 5 % de las fibras auditivas- y son difíciles de estudiar.

Los científicos de la UNSW, con el experto Gary Housley a la cabeza, afirman que los experimentos desarrollados con ratones transgénicos que carecen de las fibras Tipo II en el oído demostraron que su cerebro es incapaz de activar el "reflejo protector".

Este tipo de roedores, explican, presentaban umbrales de audición normales, pero cuando se les exponía a ambientes ruidosos el "amplificador coclear" no respondía con un ajuste del volumen de los sonidos.

En el texto, los científicos indican que, aunque los efectos a largo plazo que podría causar la pérdida de fibras Tipo II no han sido aún determinados, resaltan que este estudio identifica su importancia a la hora de controlar los reflejos auditivos en ratones.

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